Georgeos-Diaz-Montexano

Blogger de Georgeos Díaz-Montexano. Sus aficiones, gustos, pensamientos... Más allá de sus investigaciones historico-arqueológicas.

jueves, marzo 16, 2006

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La-Atlantida-de-Platon. Presentación, objetivos y principios...

Presentación, objetivos y principios...

Presentación, objetivos y principios...

La-Atlantida-de-Platon-en-Iberia-y-Marruecos-Georgeos-Diaz-Montexano.

Apenas tenía doce años cuando sentí por primera vez la presencia de la mayor fuerza que existe en el Universo, la fuerza del amor al saber, que es también la fuerza del amor a la verdad, y ese sentimiento -o esa capacidad- hasta entonces dormido, lo desperté aquel día en que mi profesora de Historia me habló de las antiguas civilizaciones y me acercó al fascinante mundo Egipcio y a la historia de Champollion y el desciframiento de la escritura jeroglífica egipcia a través de la célebre Estela de Rosseta.

Aquella clase de Historia Antigua, aquel encuentro con el pasado marcó profundamente el derrotero de mi presente existencia. Fue mi primer despertar. El segundo despertar estuvo asociado al estudio del Gran Maestro, pensador y filósofo cubano del siglo XIX, José Martí; el tercer despertar, al descubrimiento y contacto personal con el Maestro en Epigrafía y Lenguas Antiguas, el Dr. Barry Fell, de la Harvard University, y el cuarto despertar, ocurrió con el descubrimiento de Platón.

Mientras José Martí me inculcaba el amor a la libertad y a la justicia social, y Barry Fell me enseñaba el camino de la investigación sin fronteras, más allá de las meras convenciones o de la "verdad histórica establecida", Platón me mostraba el sendero del amor a la sabiduría, y a la búsqueda de una verdad suprema, más allá de las simples manifestaciones de la materia. La lectura y estudio profundo de la obra de Platón y de la mayoría de los Maestros filósofos de la antigüedad despertó en mi una profunda pasión por los antiguos misterios de la humanidad, por el amor al saber que es verdadero...

Esta pasión por el pasado, por los orígenes y misterios de la humanidad, acompañado de un espíritu crítico y riguroso, de un equilibrio entre pasión y vehemencia me ha llevado a la realización de muchos descubrimientos arqueológicos, antropológicos y epigráficos y filológicos que han arrojado nuevas luces sobre el pasado del ser humano, y que -bien interpretados- podrían iluminar también con nuevos rayos de esperanza nuestro destino.

He creado -hasta la fécha- ocho revistas de divulgación científica y cultural y cuatro sociedades de idénticos objetivos, consciente de que numerosas son las manifestaciones del saber y las vías para acceder a el. Jamás existirá un único camino para llegar a la verdad. Los senderos del verdadero saber son tan innumerables como las manifestaciones de esa fuerza vital del Universo que los humanos hemos llamado siempre Dios o Vida. Así pues, se puede llegar a la filosofía a través de la geología, de la arqueología, de la filología o de la física, a través de cualquier ciencia o de cualquiera de las manifestaciones del saber humano -incluso desde una filosofía-religión- bien con la guía de un maestro exterior o del maestro interior que todos tenemos.

La vía que este filaletheo o "amante de la verdad" conoce es la del estudio del pasado, de la arqueología en su máxima expresión semántica, que es el estudio de lo antiguo, es decir, la investigación de la Antigüedad, que comprende el estudio de todos los aspectos geográficos y antropológicos: estudio de la Tierra o Geología, Estudio del Hombre o Antropología, con todas sus manifestaciones, el hombre como ser biológico y como ser espiritual; su pensamiento, su lenguaje, sus costumbres...

Cualquier persona que busque la verdad, por encima de todas las cosas, con total convencimiento de corazón, puede llamarse filósofo y filaletheo, aún cuando su nivel cultural no sea suficientemente amplio. Sin embargo, aquél que aun ostentando títulos académicos y presumiendo de un elevado nivel cultural, no ha llegado a comprender esa máxima oriental que dice: SATY AT NASH PARO DHARMAH, "la justicia no está por encima de la verdad" (o esa otra interpretación más esotérica de H.P.B. "no hay religión más elevada que la verdad"), no será más que un "intelectual", porque un verdadero filósofo es quién "ama la sabiduría", quién siente una profunda pasión por la búsqueda del saber, esté donde esté, sea cual sea y caiga quien caiga.

Pero el estado más elevado del filósofo es el de ser un filalethósofo, un "amante del saber que es verdadero", el que ya no sólo busca el saber, sino el saber que es verdadero, puesto que existe un sinfín de falsos saberes, de los cuales sólo por el hecho de ser filósofos no podemos libramos, ya que el que ama el saber, en su afán, no siempre examina el saber que le es presentado; más aun si este saber proviene de una fuente "especial", más o menos fidedigna o legendaria.

El filalethósofo en su pasión por el saber verdadero, analiza profundamente todo conocimiento con vistas a descubrir y diferenciar el saber falso del verdadero, el superficial y transitorio del profundo y atemporal. No cree en un conocimiento dado, más bien lo siente, lo vive y lo exprime hasta extraerle la esencia verdadera. El filósofo filaletheo no acepta un conocimiento como válido sólo por el hecho de que éste provenga de una doctrina "maravillosa" o "misteriosa", o porque su transmisor sea un ser "especial" (pues entonces sólo sería un religioso). Nada de ello será garantía suficiente para el buscador del verdadero saber, quien nunca lo confiará todo solamente a la intuición, o a la razón. Su correcta posición estará siempre en el justo centro entre la intuición y la razón.

Así pues, este modesto Blog tiene como objetivo principal despertar en el lector una auténtica pasión por los antiguos misterios como colofón a provocar el nacimiento del amor a la verdad. Si es que este aún no ha ocurrido. O... ¿qué otro sentido podría tener tanto esfuerzo? El saber, por el saber mismo, es la aberración del saber. De nada, o muy poco, serviría el intentar descifrar antiguos enigmas si estos no nos hacen reflexionar, si no nos transforman en seres superiores -no solamente a los demás, sino a nosotros mismos-, si no nos elevan de nuestra mediocridad hasta el escalafón donde comienza el sendero de la auténtica humanidad. Ese tortuoso camino que conquista tras conquista nos conducirá a la cima de la compresión, a la auténtica iluminación, que está más allá de lo material y de lo espiritual, y del conocimiento sobre el bien y el mal y las fuerzas que rigen el pulso vital del Universo.

Si después de leer algunos de mis estudios y artículos sientes que esta pasión comienza a prender dentro de ti, apresúrate pues a declararle tu amor a Sofía, la Sabiduría -si es que aún no lo has hecho- para que, fruto de esa pasión, de ese profundo amor, nazca entonces el amor por la verdad, pues esta es la única acción precipitada que podrás permitirte jamás como amante de la verdad...

Georgeos Díaz-Montexano
En Madrid, España, el 15-12-2005.

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